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30 de marzo de 2011

Recordaremos a Fernando Quiñones este sábado paseando por Cádiz: I Ruta Quiñonesca



Parece que va cumpliéndose, poco a poco, el sueño de reconocer, aún más si cabe, a uno de nuestros autores más importantes y universales: el gran Fernando Quiñones.

La brillante iniciativa de mis amigos queridos Blanca Flores y Juan José Téllez, nos llevará de ruta por Cádiz, por los rincones más quiñonescos y con más solera de nuestra ciudad, para recordar la obra del poeta del viento de levante, del artista más caletero, de un maestro de las letras inolvidable.

La ilusión se materializará este sábado día 2 de abril, a partir de las 10:30 de la mañana, y partiremos del Bar Lucero para recorrer las calles del Cádiz viejo, para impregnarnos del olor a sal que siguen emanando las páginas de la genial obra de Fernando, en las que parecemos intuir un inquieto baile de mojarritas de hoja en hoja, impulsadas por el espíritu de los barrios sencillos y sus gentes, proyectados en su literatura, magistralmente.

La cita se acerca, y ahí estaremos todos. De momento hay un blog maravilloso que recogerá la experiencia que viviremos alrededor de la persona de Fernando Quiñones, compartida con su familia, su esposa Nadia Consolani y su hijo Mauro, encantadores, que sin duda disfrutarán de tan merecido homenaje.


Estamos todos invitados.

Para más información y adhesiones:




29 de marzo de 2011

DOMINGO DE INFANCIA

Volver de la familia
implicaba oír el fútbol en la radio
del coche de mi padre.

Llegar rápido a casa
lavarse los churretes de los juegos,
dejar atrás el olor a galletas
y los chicles que arrojaban aviones
de guerra en las macetas de geranios.

No sabíamos que era irrepetible,
también, el sol de marzo
zambulléndose en la tarde, la risa
a carcajadas, la tristeza tonta
por sentir cerca el lunes de colegio,
efímeros domingos de la infancia
que duermen en mi caja de recuerdos.

© Rosario Troncoso

26 de marzo de 2011

Maullido breve

¿Y dónde está la Bardem, por ejemplo?
Ahora no la veo por ningún sitio.
Será que gritar NO a la guerra, a cualquier guerra, ahora va en contra de sus intereses.
¿Será un símbolo del silencio y la extrañeza de los habitantes de este país?
Me voy a la playa a ver si se me deshinchan... los pies

25 de marzo de 2011

Como gata boca arriba.

Con "las patas colgando" como diría mi abuela.
Así me quedo yo viendo la extraña actitud de algunas personas.
Homo homini lupus, afirmó Plauto y luego Hobbes. Y no se equivocaban.
También mi abuela decían que a los que enjuician, critican, o despellejan vivos a los demás, cuando éstos (los demás) no están hay que darles razones, para que, si te odian y maldicen, lo hagan con razón.
Ahora me doy cuenta, que pese a no haber podido disfrutar de una educación completa, ni hacer gala de una cultura de excepción, mi abuela era excepcional, y cuando sentenciaba, lo hacía con la sabiduría de la vida, de la experiencia, del sufrimiento...
Recuerdo cuando contaba historias de la guerra, y de su miedo a volver a vivir esa época en que había cierta licencia para odiar y matar, dando rienda suelta a las envidias y a las pasiones más bajas.
Contaba ella, que los vecinos se odiaban, simplemente por tener menos tomates en la huerta que el de la huerta de al lado...y así, por exceso de rojez, acusaban al que vivía puerta con puerta de comunista.... irónicamente, un día llegaban y se llevaban al vecino, simplemente por tener no sólo más tomates, sino más hijos, y éstos además, más guapos que los propios.
Así de triste.
Menos mal que no estamos en guerra, o eso parece, y que los vecinos, o simplemente el prójimo, no puede venir a pegarte un tiro...
O quizás sí, y se lleve a tu hija adolescente, para asesinarla, hacer desaparecer su cuerpo, y reirse de ti en tus narices. Total, la impunidad es un hecho.
Y El Cuco ha sido absuelto. Qué sociedad tan mediocre, qué chabacanería.
Pero bueno, mientras exista Jorge Javier Vázquez y su basurero millonario, que nos las den todas por el mismo sitio. Qué calladitos estamos, tan fieros que hemos sido siempre...
Parece que mi abuela tenía razón, en todo. Pero no las monjas del colegio en el que me crié.
Ingenuas ellas, inculcaban las buenas obras. Si hacíamos el bien, recogeríamos los frutos.
Se vé que no, y que no siempre, sino nunca, ganan los buenos.

22 de marzo de 2011

POETAS

Sufren los poetas un extraño mal
de la sangre y las entrañas.
Un dolor ancestral
sin alivio posible.

Los poetas que lo son
traen desde el nacimiento
marcas de antiguos llantos en los ojos,
cicatrices de mil guerras soñadas,
y exóticos pájaros del amor,
aquellos que anidan entre las manos
y con sus picos horadan el sólido
refugio del hogar.

Los poetas que lo son
saben buscar el bálsamo
que rezuman las palabras exactas,
para curar las heridas del tiempo
y la angustia por lo que no comprenden.

Los poetas que lo son
no fueron elegidos
por fuerzas de otros mundos
ni son los descendientes de los dioses.

Simplemente aprendieron a mirar.

© Rosario Troncoso

11 de marzo de 2011

Maullido breve

Y la tierra sigue temblando.
Y seguimos sin darnos por aludidos.
Pero ya es primavera en El Corte Inglés.

Nueva entrada en D E S N U D A,

Salud.

5 de marzo de 2011

Carnaval (por petición de algunos amigos que no encontraban el artículo)

Mi profesión me ha alejado de Cádiz algunos años, y al trabajar fuera, me he convertido, automáticamente en la "gaditana" del lugar, con toda la carga "graciosa" que conlleva. Huelga decir que me siento orgullosa de mi ciudad, de mi origen, de mi tierra. Por supuesto.
Pero ser de Cádiz, como de cualquier otro sitio, lleva implícitos una serie de tópicos y lastres que pesan bastante dependiendo de las circunstancias.
Cuando se acerca la época que nos ocupa, este peso se acentúa de modo alarmante, y llega el cordial interrogatorio jalonado de comentarios del tipo"¿te vas para Cádiz en carnavales?" o bien "¡ya empieza el ambiente de carnaval, estarás entusiasmada, ¿no?" o a posteriori, la pregunta de rigor "gaditana, ¿qué tal te lo has pasado en los carnavales?".
Y no falla. Siempre me encuentro con la misma reacción de extrañeza, de reproche, e incluso de desprecio, pese a que intento ser agradable y no hacer notar el fastidio que me produce que se dé por hecho que sólo por ser de donde soy, ya tengo que ser aficionada al pito de caña y al chascarrillo fácil.
Si respondo que no me entusiasma nada la fiesta, que desde hace años procuro huir lo más lejos posible del "ambiente carnavalero o carnavalesco", y que prefiero otras cosas, lo que encuentro es incomprensión la mayoría de los casos, cuando no un rechazo irracional hacia mi persona, sobretodo por parte de mis paisanos, quienes no entienden ni de lejos que yo no comparta la pasión desmedida por los gaditanismos folclóricos.
Soy de padres viñeros (para quien no lo sepa, gaditanos castizos, del Barrio de la Viña, señero lugar de Cádiz, cuna del Carnaval), he vivido a fondo la fiesta, y la conozco bien, desde los ensayos de las agrupaciones, pasando por la Gran Final del Falla con amigos y frutos secos, mañanas de domingo en la calle, buscando a las "ilegales" (aquellas agrupaciones, chirigotas, que no han concursado en el Gran Teatro Falla), noches de pregón y ninfas, terribles sábados por la noche y desfiles de la Gran Cabalgata...
Mis padres me han llevado a las fiestas infantiles del Falla, cuando las había. He ido a los bailes de disfraces del Club Náutico, y a la barra del Faro a esperar que llegara el Yuyu (un año incluso vimos arrancarse por bulerías a Sara Baras allí mismo, gloria bendita...). He comido tapas de mojama y queso en El Manteca, también.
He intentado fundirme con la opinión popular, ser más gaditana si cabe, saber mucho de comparsas, autores, artistas, y debatir sobre cuplés, pasodobles, cajonazos y pelotazos...
Antes hasta me sabía de memoria repertorios enteros.
Seguí a la chirigota de mis primos por toda su gira provincial (estuve en el Cine Macario de El Puerto de Santa María acompañando a la susodicha chirigota).
Me he disfrazado de los "tipos" (en la época en que mi tío y mi padre salían en el coro de Los Dedócratas, eran disfraces) más variopintos.
He aguantado horas y horas en la calle, en la noche, en el frío y en la lluvia, dando vueltas entre el gentío de la Plaza Mina o callejeando sin rumbo, esquivando vomitonas, borrachuzos, micciones inoportunas y algún que otro exhibicionista. Me han atracado, he visto sangrientas broncas y he esperado la cola para coger un taxi con las piernas entumecidas...
También he estado en el carrusel de coros, comiendo bocadillos y bebiendo latas (para no gastar en hostelería, de eso saben bien muchos de los que vienen en tropel de fuera, así que no sé donde está el negocio para la ciudad), soportando aglomeraciones, empujones y lipotimias colectivas.
He visto La Caleta, en plena puesta de sol, la más maravillosa del mundo, inundada de bolsas de plástico, litronas vacías, desperdicios e inmundicia.
Si algún año he recibido a algún amigo de Madrid, me lo he tenido que terminar llevando a tapear a otro sitio, porque en el meollo del asunto es prácticamente imposible...
Por la noche, si ese amigo quería bailar en alguna carpa o discoteca, después de mucho luchar, a lo mejor conseguíamos entrar en algún sitio. Al ir al baño, menos mal que llevaba en el baño un bote pequeño de limpiacristales, para limpiar el extraño polvo blanco a toneladas...
No sé.
A lo mejor soy muy derrotista, no cabe duda que es posible, sí.
Pero si digo alguna vez que no me gusta Cádiz en carnaval, no es por tirar por tierra mi ciudad ni a su gente, pero sí soy realista, y salvo las bellas excepciones de la tradición en esta maravilla atlántica y trimilenaria que conciernen a la sátira, a la poesía de las buenas letras, al soniquete de un tango, al evocar la memoria de Paco Alba, o las buenas chirigotas de antaño, o el magnífico pregón de Javier Ruibal, sólo nos quedan restos decadentes de una fiesta que en mi opinión, dejó hace mucho en la cuneta el verdadero espíritu gaditano.
Durante demasiados días (el carnaval aquí dura casi el año entero) son demasiadas agrupaciones, demasiados inscritos, demasiado paro y demasiada miseria. No lo entiendo.
Quiero a mi ciudad, y quiero a mi gente, y me parecen plausibles y admirables los intentos esforzados de algunos de mis amigos entusiastas de lo auténtico del Carnaval de Cádiz, aquellos periodistas con renombre y prestigio que defienden la fiesta, aquellos políticos que venden el carácter de la celebración en Madrid y en el mundo, aquellos que ponen toda la carne en el asador para que un ente abstracto se haga sólido y una apuesta económica para la ciudad en un momento tan crítico como el que estamos viviendo.
Pero por desgracia, la masa, el populacho y la chabacanería terminan por deslucir todos esos esfuerzos y toda esa buena voluntad. Y ni las agrupaciones que ganan el concurso están en Cádiz los días señalados...
Por eso, puedo decir, sin miedo, que no, que no me gusta el carnaval, que prefiero pasear por la Alameda, por el Parque Genovés, por la Playa de la Victoria o disfrutar de todos y cada uno de los rincones de este monumento sobre el agua, cualquier momento del año, cuando sea más fácil entrar y salir de la ciudad, cuando aparcar no sea una utopía, y cuando el olor reinante sea el del mar al atardecer, y no el de orines pasados de alcohol.
Lo siento si ahora me agencio enemigos nuevos. Creo que estoy en mi derecho a opinar, libremente. Seguiré escuchando por la radio algún coro, o chirigota, cuando me apetezca, si es que me apetece, y me seguirá emocionando escuchar el sonido más típico, el que me recuerda a mi infancia, más aún si me encuentro lejos de aquí.
Pero no tengo una venda en los ojos. Si me dan a elegir entre progreso y empleo para Cádiz y absurdas plataformas de carnaval para el verano (o barbacoas sucias en la playa a mediados de agosto), elegiré por supuesto lo primero.
Ya empieza el carnaval.
Que lo disfrute el que quiera y pueda. Tiene mis respetos. Pero eso sí, a mear a casita, que la piedra ostionera y los cañones de las esquinas ya están bastante castigados.
Salud.
Entrada extraída de mi blog dedicado exclusivamente a la crítica y a la reflexión personal sobre todo tipo de asuntos: D E S N U D A

3 de marzo de 2011

Homenaje al pintor y poeta Alonso Santiago, esta tarde en El Puerto


La Asociación AINDA CULTURA rendirá homenaje al poeta y pintor Alonso y Santiago, y para ello convoca a un nutrido grupo de poetas, escritores y artistas en definitiva, como Francisco Lambea, Manolo Morillo, Sol Ruiz Guerrero (compañera promotora de esta convocatoria, a través de quien ha llegado a mí la noticia de este encuentro, y que cuenta con mi agradecimiento y admiración), Faelo Poullet, José Antonio Navalón, Ramón Luque, Mauricio Gil Cano, Dolors Alberola o una servidora entre otros, que se reunirán en el Primer Encuentro Poético "Generaciones Juntas" bajo el lema El Deseo de Vivir, que se pone en marcha para la ocasión, por parte de esta asociación.

Una gran iniciativa que acaparará la atención de aquellos que sientan el arte y la cultura como algo propio, con la intención de honrar la memoria de un artista nuestro, Alonso Santiago, recientemente fallecido.

La cita esa partir de las 19 horas, en El Puerto de Santa María, en la Sala del Museo Arqueológico El Hospitalito (Calle Ganado 58).

Merecerá la pena asistir.

Salud.