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26 de enero de 2009

Transparente

Padecía una enfermedad congénita. Era completamente transparente.

Al tacto, su piel era igual que la de cualquier ser humano, pero nadie se atrevía jamás a tocarla.
El asco y el miedo a hundir los dedos, atravesando poros, llegando a tocar tendones, músculos, venas... podía más que la curiosidad.
Nadie se atrevía a tocarla.
Pero la golpeaban cruelmente con miradas de bordes afilados por la ignorancia.
Su madre le declaró rabiosamente, la guerra a la realidad, y le cubrió desde el nacimiento cada milímetro con telas insoportables, sombreros imposibles y densos maquillajes hipoalergénicamente dolorosos.
Ella le temía al verano. El calor le provocaba el llanto desconsolado, y las lágrimas refulgían tan brillantemente que si caían en el vacío, podían brillar durante siglos, como estrellas extintas.


8 de enero de 2009

"Delirios y Mareas"




Bueno, como he visto que algunos compañeros escritores también lo hacen, me lanzo, sin cortarme, a autopublicitarme un poco.
Mi segundo poemario "Delirios y Mareas" ya está en las librerías (véase El Corte Inglés de Bahia Sur (próximamente en el de Cádiz), Quorum, Q&Q, Manuel de Falla (todas en Cádiz) Luna Nueva (Jerez), Pérgamo (Puert Real), Atenea (Rota), Fnac (Sevilla).
En breve estará en más sitios así como en internet. Ya iré informando.
De momento es esta relación de lugares donde es posible encontrar el libro.
También está la opción de pedirlo directamente a la editorial si estáis interesados. A través de mi yo os lo mando (sin gastos de envío), allá donde me digáis. El precio es de 9 euritos.

No era necesario

No era necesario salir a la lluvia
estando aún convaleciente,
con las heridas abiertas
tras la última tormenta.

No era necesario derramarse
en escasas gotas que no sacian,
pero arden
sobre todo un desierto
enfermo de sed.

No era necesario desollar palabras
ni hacerse eco
de silencios que nadie entiende.
No era necesario hacerte daño.
No era necesario que vinieras.
No era necesario dar las gracias.
ni vivir,
ni morir,
ni ser de otra manera.
Ni disculpar, ni arrepentirse,
ni dormir sin sueños,
ni soñar con que se duerme...
ni amarte, ni que me ames.
No era necesario estar.
Ni tener los ojos abiertos
en esta gratuita zozobra
que me invade si no estás...

1 de enero de 2009

PRIMER DIA DEL MUNDO


Lo proclama la lluvia en primavera,
los bosques resonando,
el canto que se alarga en corazón sin forma,
y el mar, el mar, el mar
que golpea con pausa solemne la nada.
Los proclaman en playas sin gemido y sin viento,
las olas siempre solas,
las olas que se forman como nacen los mundos,
su atmósfera de origen,
su retumbo viniendo por el cóncavo espacio.

Unos labios ausentes en la orilla invocaban
los nombres de los dioses, los nombres de las cosas,
y ya casi sonaban,
soñaban contra el mundo,
toro que estrangulan largas melodías.

¡Oh voz innumerable! -corazón, corazón-,
dentro de mí desatas las olas sin destino,
la nada pura y libre,
el aire limpio y vivo,
la alegría terrible de unos dioses marinos.
Gabriel Celaya

Leer, leer

Leer, leer, vivir la vida
Leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.

Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.

Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las olas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.

Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?

¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?


Miguel de Unamuno
(Cancionero, publicado póstumamente en 1953)

Cenizas

Cenizas
Hemos dicho palabras,
palabras para despertar muertos,
palabras para hacer un fuego,
palabras donde poder sentarnos
y sonreír.

Hemos creado el sermón
del pájaro y del mar,
el sermón del agua,
el sermón del amor.

Nos hemos arrodillado
y adorado frases extensas
como el suspiro de la estrella,
frases como olas,
frases con alas.

Hemos inventado nuevos nombres
para el vino y para la risa,
para las miradas y sus terribles
caminos.

Yo ahora estoy sola
-como la avara delirante
sobre su montaña de oro-
arrojando palabras hacia el cielo,

pero yo estoy sola
y no puedo decirle a mi amado
aquellas palabras por las que vivo.

Alejandra Pizarnik
(Las aventuras perdidas, 1958)